Publicado por Thalía Alondra Peña Hernández • 2 de octubre de 2026
Colombia es uno de los países con mayor biodiversidad del planeta. Esa riqueza geográfica también expone a las comunidades a amenazas como inundaciones, deslizamientos e incendios forestales. En muchos territorios rurales y de difícil acceso, la información geoespacial es limitada o inexistente, lo que dificulta la planificación y la gestión anticipatoria del riesgo.
Frente a este panorama, el Equipo Humanitario de OpenStreetMap (HOT), en alianza con la Subdirección para el Conocimiento del Riesgo y el Proyecto Mapas Comunitarios de la Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo de Desastres (UNGRD) de Colombia, y con el apoyo de Twilio, implementó el proyecto Datos abiertos para la gestión comunitaria y anticipatoria de riesgos en Colombia, orientado a fortalecer capacidades locales mediante cartografía abierta y tecnologías accesibles. La iniciativa dio continuidad al trabajo conjunto en mapatones y a experiencias previas con ChatMap.
Entre 2024 y 2026, el proyecto priorizó nueve territorios: Tarapacá (Amazonas), San Juan del Cesar (La Guajira), Sonsón y Cáceres (Antioquia), El Castillo y Puerto Rico (Meta), Paletará (Cauca), Medio Atrato (Chocó) y Colón (Putumayo). Se realizaron nueve talleres con la participación de 145 personas de comunidades, autoridades locales, organizaciones indígenas, instituciones educativas, cuerpos de bomberos y sociedad civil. La implementación territorial fue liderada por Bryan Daza, Fabián Montejo y Angie Trujillo.
A través de talleres participativos, recorridos de campo y actividades prácticas, las y los participantes aprendieron a utilizar herramientas como OpenStreetMap, ChatMap, uMap, Mapillary, OpenAerialMap y Drone Tasking Manager para generar información geoespacial útil para sus propios territorios. Más allá de producir mapas, el proyecto buscó fortalecer capacidades locales para que las comunidades puedan seguir documentando, actualizando y utilizando datos abiertos en beneficio de sus procesos de gestión del riesgo.
Cada territorio enfrenta desafíos distintos: en Tarapacá, las crecientes del río Putumayo; en el Meta, inundaciones recurrentes; en el Cauca, la necesidad de monitoreo ambiental; y en Medio Atrato y Colón, condiciones geográficas que dificultan el acceso a información actualizada. Pese a esas diferencias, todos comparten la necesidad de contar con información geoespacial abierta para tomar decisiones antes, durante y después de una emergencia.
En cuatro meses participaron más de 35 instituciones, entre ellas alcaldías, cuerpos de bomberos, autoridades indígenas, juntas de acción comunal, instituciones educativas y organizaciones ambientales, que ayudaron a adaptar la metodología a cada comunidad. Los talleres aplicaron la metodología de extremo a extremo (E2E) de HOT, usando recorridos de campo para el mapeo en OpenStreetMap; drones y Drone Tasking Manager para planificar vuelos y capturar imágenes aéreas; OpenAerialMap para publicar las ortofotos resultantes; uMap para crear mapas temáticos visuales; Mapillary para documentar el territorio a nivel de calle; y ChatMap para reportar información en tiempo real desde la comunidad.
Isabella Yaguara, habitante de El Castillo, Meta, descubrió durante los vuelos con dron cómo un brazo del río atravesaba su vereda.
El día de ayer reconocí por los drones, que un cauce del río pasaba por nuestra vereda. Con una imagen tan amplia como esta, podríamos ver mejor dónde comienza el desbordamiento, a qué comunidades afecta y dónde se podrían hacer unos gaviones para que deje de desbordarse el río.
HOT mantiene el acompañamiento después de los talleres mediante reuniones virtuales, WhatsApp y asesorías técnicas, para que las herramientas sigan en uso. En Tarapacá, la comunidad monitorea el río Putumayo con vuelos autónomos de dron; en El Castillo, sus habitantes usan ChatMap para registrar inundaciones y familias en riesgo; en Puerto Rico, la Alcaldía y el Cuerpo de Bomberos siguen practicando vuelos con Drone Tasking Manager; y en Paletará, el Cabildo Indígena planea usar las herramientas para monitorear al oso de anteojos, uniendo cartografía y conservación.
Como resume Juan Melo, de HOT, el valor real está en contar con una base de datos abierta y actualizada, accesible en tiempo real, para que cualquier actor, gubernamental o no, pueda atender la emergencia cuando más se necesita.
El impacto del proyecto no está en los mapas en sí, sino en la capacidad de las comunidades para seguir generando información útil. Trabajar en nueve territorios distintos demostró que no hay una fórmula única: la flexibilidad metodológica y el acompañamiento posterior son clave para que las comunidades adopten las herramientas y se apropien de ellas. Y cuando el conocimiento local se combina con plataformas abiertas, el resultado beneficia tanto a las comunidades como a las instituciones de gestión del riesgo.
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